Segunda infancia: Juego y ocio
Entre los siete y los doce años, los niños con síndrome de Down tienen más curiosidad por saber cómo funciona el mundo que les rodea, son más sociables y les gusta hablar y conocer a otras personas, fuera de su entorno. Para ello necesitan aprender una serie de habilidades sociales que les permitirán relacionarse con todo tipo de personas y afrontar situaciones nuevas.
Sí. Vuestro hijo se enriquecerá con todo tipo de actividades y con el juego en grupo, sobre todo cuanto más mayor sea, por tanto, dejad que se relacione y haga amigos en diferentes entornos, que practique algún deporte de equipo que le guste y que juegue en parques públicos, donde pueda conocer a otros niños.
En esta etapa es fundamental la socialización, por ello, intentad que se comporte de forma acorde a su edad, enseñándole a relacionarse con otros niños y con los adultos: que aprenda a escuchar, intervenir en el momento adecuado de la conversación y no ser el centro de atención, tener una postura adecuada y que el contacto físico con los demás sea el adecuado para el grado de relación que tenga con cada persona.
Escuchad lo que os cuente y enseñadle a manejar situaciones conflictivas con sus amigos, porque pueden pasarlo mal por problemas que a los mayores nos parecen absurdos. Procurad que sea correcto en los saludos y diálogos, especialmente cuando se acerque a personas desconocidas con las que coincida en sus actividades diarias.
Para profundizar en estos consejos podéis leer el programa para la enseñanza de las habilidades sociales en el hogar, de DOWN ESPAÑA, que podréis ver en este enlace:
Al igual que en la etapa anterior, en estos años una gran parte del ocio se disfruta en familia, por lo que debéis ofrecerle diversas posibilidades: excursiones, deporte, cine, viajes, visitas culturales… Aunque cualquier momento es bueno para que disfrutéis juntos: es posible que os cuente sus descubrimientos del día, haga una broma o invente un nuevo juego, mientras realizáis vuestras rutinas habituales.
Asimismo es muy positivo que vuestro hijo participe en actividades extraescolares de todo tipo (deportivo, cultural o lúdico), tanto las específicas para niños con discapacidad como las que se hagan en otros contextos y con niños sin discapacidad.
En cuanto al ejercicio físico, antes de los nueve o diez años son preferibles los deportes individuales como la natación o el atletismo, pero más adelante vuestro hijo podrá hacer otras actividades y practicar algún deporte de equipo como el fútbol, el baloncesto o cualquier otro que le guste.
Le ayudarán físicamente pero también le permitirán integrarse en un grupo y lograr el reconocimiento que todos los niños necesitan.
Normalmente los niños con síndrome de Down tienden a repetir aquello que les gusta y son reacios a actividades nuevas; sin embargo, aunque en un primer momento vuestro hijo no disfrute con un juego o actividad nueva, suele ocurrir que después de realizarla varias veces, comience a sentirse cómodo y a pasarlo bien.
Buscad actividades y aficiones sencillas o con los apoyos necesarios para las más complicadas, pero siendo siempre acordes con su edad y capacidades. Resultarán aún mejor si cuenta con una compañía adecuada: amigos o conocidos que propicien su interés y le hagan sentirse cómodo.
Sí, un campamento o escuela de verano es un lugar muy adecuado para divertirse y aprender que, en el caso de vuestro hijo, permite su desarrollo desde el ocio y la diversión, con menos exigencia que en el colegio. Hay diferentes opciones, de ocio inclusivo con niños sin discapacidad o bien exclusivamente para niños con discapacidad, por lo que podréis escoger, quizá enviarle de campamento con sus hermanos o con sus amigos; en todo caso, estar en un entorno diferente, con juegos y actividades adecuadas para él, favorecerá el desarrollo de sus habilidades de comunicación y sus capacidades motoras.
Si el niño es muy pequeño y sus educadores no os recomiendan que vaya varios días fuera de casa, seguramente sí podrá asistir a una ludoteca (lugar de juegos) durante algunas horas al día o a algún campamento urbano en el que los niños pasan la mañana jugando y aprendiendo con menos rigidez que en el centro educativo y se marchan a su casa después de comer.
En ocasiones los gustos y aficiones de los niños con síndrome de Down no son acordes con su edad cronológica. Por ello, no regaléis a vuestro hijo juguetes, puzzles, cuentos u otros juegos complejos con los que no sepa cómo jugar, porque se frustrará al no saber utilizarlos.
Es preferible ofrecerle juguetes o actividades pensadas para edades más tempranas y, por lo tanto, más sencillas de entender, como películas, cuentos infantiles, muñecas o coches. Seguramente con el tiempo irá prefiriendo juegos más complejos, de manera que lo que hoy rechaza o ignora probablemente le gustará más adelante.
Si le gustan las videoconsolas o los juegos de ordenador, buscad los que sean sencillos y educativos, dentro de la gran oferta que tiene el mercado; por otra parte, evitad que pase más de una hora al día jugando con ellos, puesto que dedicar a esta actividad más tiempo del recomendado es malo para su desarrollo cognitivo y pasar mucho rato sentado puede conducir a la obesidad.
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